El derecho a la propia imagen vol. III

En anteriores entradas de este blog ya habíamos visto como el consentimiento es el eje fundamental a la hora de valorar el uso de nuestra imagen en las redes sociales, y cuándo y cómo puede considerarse que dicho consentimiento existe. Pero habíamos dejado para tratar en un tema aparte qué ocurre con los menores de edad. La imagen de los menores en Internet es algo a lo que la legislación presta una especial atención.
 

La imagen de una persona, sea adulto o menor, se considera un dato de carácter personal, puesto que permite identificar a una persona. Esto viene recogido en el artículo 3 de la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal, y por lo tanto se trata de un dato protegido por esta Ley y por las regulaciones que la desarrollan.

Además, la Ley Orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen también establece que el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen es irrenunciable, inalienable e imprescriptible.

 

En el caso de los menores, corresponde a sus padres o tutores legales la función de velar por este derecho. Esto no significa que los padres o tutores puedan autorizar indiscriminadamente el uso de la imagen del menor para cualquier cosa. De hecho el artículo 4 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor, dice que incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales, el menoscabo de su honra y reputación por la utilización de su imagen en medios de comunicación puede ser objeto de actuación del Ministerio Fiscal.

 

 


Acabamos de hacer referencia al hecho de que pueda constar el consentimiento del menor. ¿Cuándo puede producirse este hecho? En protección de datos –y recordamos que la imagen es un dato de carácter personal-, se aplica el artículo 13 del Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica que trata sobre el consentimiento para el tratamiento de datos de menores de edad. En su párrafo primero dice expresamente que podrá procederse al tratamiento de los datos de los mayores de catorce años con su consentimiento, salvo en aquellos casos en los que la Ley exija para su prestación la asistencia de los titulares de la patria potestad o tutela. En el caso de los menores de catorce años se requerirá el consentimiento de los padres o tutores.
 

 

Vemos pues como la barrera, con determinadas excepciones, se establece en los catorce años de edad.

Por debajo de esa edad no se puede hacer uso de las imágenes de menores de edad sin el consentimiento de los padres, lo que nos puede afectar a todos más de lo que se pueda suponer: fotos de cumpleaños, de los amigos del colegio, etc.

En este sentido resulta muy interesante la Guía de la Agencia Española de Protección de Datos: Derechos de niños y niñas: deberes de padres y madres (2008), que resulta muy esclarecedora al respecto.

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