El derecho a la propia imagen vol. IV

Por continuar tratando el tema del derecho a la propia imagen, vamos a analizar en esta entrada de nuestro blog el derecho de propiedad intelectual del autor de la fotografía, como otro de los intereses que entran en juego cada vez que se toma una imagen.

Lo primero que debemos mencionar es que la propia Ley de Propiedad Intelectual se encarga de hacer una distinción fundamental entre lo que podríamos llamar una “obra fotográfica” y una “mera fotografía”, otorgándole distinta protección según se trate de una u otra.

 

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En el caso de que se considere una obra fotográfica, su autor gozará de todos los derechos de autor que prevé la Ley de Propiedad Intelectual (tanto derechos morales, como derechos de explotación) para los autores de obras artísticas. Estos derechos estarán vigentes durante toda la vida del fotógrafo y hasta setenta años después.

Si la fotografía no se considera una obra fotográfica, sino una mera fotografía, entonces el fotógrafo también gozará de ciertos derechos, pero el alcance de la protección es menor. En este caso solo será titular de ciertos derechos patrimoniales o de explotación (el derecho de autorizar la reproducción, distribución y comunicación pública de la fotografía) y durante un plazo inferior: veinticinco años a contar desde que se realizó la fotografía. El fotógrafo que haya realizado una “mera fotografía” no gozará de otros derechos de explotación (como por ejemplo el derecho de transformación), ni tampoco de los llamados derechos morales, entre el cual se encuentra el derecho a que se reconozca su autoría.

 

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El siguiente punto es lógico: ¿cuándo una fotografía es una obra y cuándo una mera fotografía? La ley no contiene ninguna previsión al respecto y tenemos que acudir a las decisiones de los tribunales para intentar encontrar la respuesta.

 

Aunque la ley se refiere a obras como “creaciones originales”, es la jurisprudencia la que nos ayuda a distinguir los casos anteriores, en la medida en que el autor incorpore o no a la obra “el producto de su inteligencia, un hacer de carácter personalísimo que trasciende de la mera reproducción de la imagen” de que se trate. Según el Tribunal Supremo, las leyes sobre propiedad intelectual se refieren sólo a obras que sean resultado de una creación individualizada y personalizada, con una paternidad en concepto de autor.

 

derecho propia imagen iv

 

Así, se reconocen como obra, por ejemplo, unas fotografías subacuáticas realizadas mediante una técnica e instrumental sofisticado, pero se le niega este carácter a las realizadas por un profesional a una modelo por considerarlas una mera reproducción de la imagen de una persona bella, en las que el deleite procede de la contemplación de ésta, pero no de la fotografía en sí.

Lo que sí podemos afirmar con claridad que en estos casos, y siempre que se pueda, es mejor contar con un contrato que deje claramente delimitados los derechos del autor de la fotografía; o al menos, contar con el consentimiento escrito del fotografiado para su posterior uso y difusión en la red.

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