Rocío Muñoz-Cobo: “El teatro es como vivir unas horas con el botón de acelerar pulsado”

Iba para letrada, pero en su camino se cruzó la manzana prohibida de la interpretación y decidió morderla. El flechazo fue inmediato y desde entonces su carrera ha sido meteórica.
El Comisario, El secreto de Puente Viejo, Amar es para siempre, Pelotas, Víctor Ros, Que Dios nos perdone, Lady Macbeth o Ella en mi cabeza, son títulos de series, películas y obras de teatro en las que Rocío Muñoz-Cobo ha estado inmersa. El cine, la televisión y el teatro son sus tres amores eternos.
Ahora su vida gira en torno a estos tres grandes tótems. En cine, con el nuevo proyecto de Roberto Álmao, Alegría y tristeza, en tele con la nueva propuesta de Netflix Élite y en teatro con Las bicicletas son para el verano.

Protagonizas una de las nuevas apuestas de Netflix, ‘Élite’ que se estrena este otoño. ¿Cómo es tu personaje?
Mi personaje es Laura, la madre de dos de los protagonistas. Pertenece a la alta clase pero es una mujer infeliz. Adicta a los tranquilizantes, al alcohol y al “qué dirán”. Desgraciadamente se va a ver envuelta en la trama principal sufriendo grandes pérdidas. Del rodaje, me quedo con la producción que hemos tenido, con el equipo tan maravilloso y con la posibilidad de haber trabajado unos meses con uno de mis directores favoritos, Ramón Salazar.

Y en otoño también llegará ‘Alegría y Tristeza’, la nueva película de Roberto Álamo en la que compartes escenas con Carlos Bardem.
En esta cinta soy la mujer de Carlos Bardem, el mejor amigo y jefe del protagonista, Roberto Álamo. Fue toda una sorpresa volver a trabajar con Roberto con quien ya había coincidido como su mujer en Que Dios nos perdone. Es una mujer pasional, con un estilo peculiar a la hora de vestir y decorar. Es como una nueva rica. Está preocupada por el personaje de Roberto y sobre todo por su hija y quiere que, a pesar de las desgracias que acontecen en la película, se repongan y salgan a delante. Pero su propia relación también está en peligro.

Tampoco hay que olvidar tu papel en ‘Las bicicletas son para el verano’ con la que seguís de gira por España….
Las Bicicletas son para el verano ha resultado ser un proyecto maravilloso donde me han dado la oportunidad de interpretar a un personaje. Doña Dolores representa a todas esas mujeres que vivieron la guerra dejándose llevar por los acontecimientos, sufriendo las derrotas en su propia casa y tratando de sacar a una familia adelante pese al hambre, la falta de futuro y la desolación.
Estuvimos en Madrid en julio llenando el teatro varias veces y con esta gran energía aterrizamos en San Sebastián a principios de septiembre, en uno de mis teatros favoritos, para seguir pedaleando. Y la gira continua…

FOTOGRAFÍA SERGIO LARDIEZ

Has interpretado a un elenco de personajes femeninos de lo más dispar, ¿te queda alguno por  investigar?
¡Claro! Me queda muchísimo, porque aunque algunos personajes parezcan similares, sus circunstancias y sus sentir no tienen nada que ver. Estaría encantada de volver a repetir muchos de ellos. El paso del tiempo nos hace ver las cosas de manera diferente y estoy segura de que ahora captaría cosas que en su momento me pasaron desapercibidas. Las actrices ganamos con la edad aunque algunos se empeñen en apartarnos. Yo no quiero clasificarme como actriz, quiero tener la flexibilidad de poder hacer cualquier personaje. Eso supondrá más trabajo y a mí, trabajar en esto que tanto me fascina.

Has llegado a nadar con tiburones para contarlo a través de los micrófonos. ¿Eso da más miedo que enfrentarse al público?
Miedo nunca, respeto. La radio tiene en común con el teatro el hecho de que te enfrentas al vacío, a no saber qué va a ocurrir, y por supuesto que cada día es único. Pero en el teatro tienes además implicado el cuerpo y la emoción. Son dos lenguajes diferentes. Me quedo sin duda con el teatro, pero comunicar sólo a través de la voz, me parece un reto.

¿Por qué apostaste por la interpretación?
Estudié Derecho, quería ser criminóloga. Con la carrera ya terminada y preparando un máster, me di cuenta de que no podía pasarme la vida encerrada en una empresa. Busqué otra alternativa, me metí en la escuela de Corazza, y ahí empezó todo. Había hecho mucha publicidad y presentado varios programas, así que estar en un plató para mí era natural.

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