Falsos mitos sobre las lentillas

Rígidas, blandas, permeables a los gases, desechables o cosméticas: la gama de lentes de contacto es muy extensa y aumenta progresivamente gracias a los avances tecnológicos.

Según la última edición del Libro Blanco de la Visión en España, editado por el Consejo General de Ópticos-Optometristas y la asociación Visión y Vida, el 7,4% de la población de nuestro país entre 12 y 65 años utiliza lentillas. Esto quiere decir que 2,5 millones de personas hacen uso de este método de compensación visual.

Las principales razones para empezar a utilizarlas, como refleja un estudio realizado por GFK en 2016, son en un 48% de los casos motivos estéticos, en un 35% la comodidad, en un 26% un mejor campo de visión y un 8% las elige para practicar deporte. Sin embargo, entre quienes no han usado nunca lentes de contacto existen una serie de falsos mitos con los que es necesario romper.

No me irán bien. Mucha gente no sabe si puede utilizarlas o nunca se las han recomendado, pero lo cierto es que casi todo el mundo puede usar lentillas, siempre que un óptico-optometrista realice una selección y adaptación personalizada.

No son cómodas. Los nuevos materiales y geometrías utilizados en la fabricación de lentes de contacto, unido a las nuevas tecnologías empleadas para su adaptación personalizada a cada paciente, su alta hidratación y la posibilidad de lentillas diarias, semanales o mensuales, han incrementado su comodidad de porte y, por supuesto, su sencillez en la utilización.

Su mantenimiento lleva mucho tiempo. Depende del tipo de lentilla y de su uso, pero con los productos específicos que existen actualmente es un proceso rápido y fácil.

No corrigen la vista como las gafas. Es un mito absolutamente falso. Las lentillas corrigen todos los problemas visuales principales, como miopía, hipermetropía, astigmatismo o vista cansada (presbicia).

No pueden usarlas niños ni adolescentes. No hay ninguna edad mínima recomendada para empezar a utilizar lentes de contacto. La decisión depende más de la personalidad del niño y de su situación. El óptico-optometrista valorará si tiene suficiente responsabilidad para llevarlas y cuidarlas cada día, si se trata de una cuestión puramente estética o si se van a utilizar como un medio de la terapia visual infantil para la ambliopía.

Se pueden perder detrás del ojo. Esto es físicamente imposible. La superficie ocular posee una membrana muy fina, la córnea, que tiene cinco capas bien diferenciadas que cubren el ojo y que conecta con la zona interior del párpado. Por tanto, es imposible que la lente se mueva más allá de la parte frontal del ojo.

Aparecen más infecciones al usarlas. El uso normal de lentes de contacto no produce infecciones, pero descuidar las medidas de limpieza y desinfección puede llegar a producir una infección de córnea. Por eso, hay que seguir a rajatabla las indicaciones de limpieza y mantenimiento del fabricante y el consejo del óptico-optometrista. Si esto se cumple, nunca deberíamos sufrir una infección ocular producida por el uso inadecuado de las lentes. Además, si se utilizan lentes desechables, sobre todo de reemplazo diario, el riesgo de infección prácticamente desaparece.

En cualquier caso, si es la primera vez que se utilizan lentillas, los ojos necesitarán un poco de tiempo para adaptarse, y siempre se deberán seguir las pautas de higiene y los consejos recomendados por el profesional de salud visual.

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