Marruecos, la puerta del Sáhara

El viaje comienza en Marrakech, capital turística del país. En el centro del casco antiguo de la ciudad está su plaza principal, por lo general, llena de vendedores ambulantes y artistas de todo tipo. El zoco, los cafés, hoteles y jardines son las señas de identidad de la plaza de “Jemaa el Fna”. Junto a ella, encontramos el laberíntico Zoco, el más grande de Marruecos, lleno de textiles, pieles de animales y alimentos. Los puestos de los mercados están repletos de mercancías de bereberes, tuaregs y de las comunidades dogon, lo que no ha sido importado desde el desierto está hecho a mano en la ciudad.


Medina de Marrakech

La puesta de sol en los jardines de la Menara ofrece una escapada tranquila desde la efervescente Marrakech hacia el este. Diseñado en el siglo XII para evitar los calores de la ciudad, los jardines de palmeras y olivos dependen de su lago artificial para el riego. No podemos abandonar esta ciudad sin antes probar uno de sus deliciosos tés a la menta. Vasos llenos hasta el borde con menta y una saludable porción de azúcar, listos para servir. Una bebida que refresca el espíritu en un día caluroso en Marrakech, pero que sirve para mucho más que para calmar la sed. El té, su preparación y el disfrute son una parte esencial de la cultura marroquí y una auténtica experiencia para cualquier visitante. En Marrakech nuestra recomendación de alojamiento sería o bien en la propia Medina, donde el hotel boutique Snan 13 es una muy buena opción para quien busque un lugar con mucho encanto y un servicio muy personal; o bien el Royal Palm Marrakech, a quince minutos en coche de la muralla de la ciudad, para el que prefiera descanso, practicar golf y unos servicios 5*Lujo.


Foto de Marrakech al aterdecer

Preludio de los fértiles oasis que salpican el desierto del Sáhara, la ciudad de Ouarzazate es un antiguo puesto caravanero convertido hoy en punto estratégico para algunas de las mejores visitas del sur de Marruecos. Se accede en unas tres horas en coche desde Marrakech a través del collado de Tizi-n-Tichka (2.260 m), no sin antes pasar por una de las joyas de la zona, la kasba de Aït Benhaddú, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 e inmortalizada en películas como Lawrence de Arabia e Indiana Jones. Esta fortaleza de adobe domina el valle de Ounila y es uno de los más antiguos y grandiosos ksour (ciudades fortificadas) de Marruecos. Cerca de Ouarzazate nace el largo y fértil río Draa, que nada más iniciar su andadura atraviesa el macizo montañoso del Atlas, abriéndose paso a través de profundas gargantas. Al llegar a la ciudad de Agdz (a 70 km de Ouarzazate), el río aplaca sus fuerzas y da vida al valle del Draa, un auténtico vergel que se extiende a lo largo de 200 kilómetros, en contraste con las secas y rojizas montañas circundantes. En Ouarzazate recomendamos el hotel Bereber Palace.

La carretera discurre por el valle del Draa entre huertos de hortalizas, plantaciones de frutales y henna, y palmerales de los que salen los mejores dátiles del país. Junto al río aún pueden verse las presas, acequias y canales que construyeron las primitivas tribus nómadas, y que convirtieron el valle en uno de los más verdes del sur marroquí. Además de estos ingenios hidráulicos, la zona está salpicada de kasbas y ksour, algunos situados estratégicamente como defensa y otros disimulados entre palmeras.

Al poco de superar Agdz surgen dos de estos imponentes monumentos de adobe: la kasba Aït Hamou Ou Said, que se eleva orgullosa por encima del valle, con el río serpenteando a sus pies, y el ksar de Tamnougalt, magníficamente restaurado y rodeado de murallas.

Continuamos rumbo al desierto, buscando la frontera de Argelia; aquí encontraremos las dunas de mayor tamaño de Marruecos, en el Desierto Erg Chebbi. A la llegada, nos conducirán en dromedarios hasta las jaimas situadas en medio del desierto, entre las que destacamos las Jaimas de Lujo del Riad Madu.

Al día siguiente, saldremos hacia el pueblo de Khamlia, originario de Mali, donde podrás relajarte con un té mientras disfrutas de un pequeño concierto de música gnawa. Sus habitantes son descendientes de antiguos esclavos de las caravanas que venían del sur de África y que se establecieron en la zona e hicieron de la música gnawa un arte y su modo de vida. A continuación saldremos en 4×4 para rodear las dunas del Erg Chebbi, extensión de desierto de arena donde se encuentra la Gran Duna de Marruecos, de más de 250 metros de altitud, conectando por pista con parte de la ruta seguida por el antiguo París-Dakar y con las montañas que limitan con Argelia de fondo. Pasaremos por las antiguas minas de khol y por un poblado francés y bereber abandonado. El alojamiento sería en Merzouga, en Riad Madu.


Detalle jaimas

En dirección a Zagora, recorreremos paisajes pre desérticos con pocos pueblos y algunos oasis, y por la tarde llegaremos a Tamgroute, pueblo muy interesante, conocido por la alfarería, la cerámica y la espléndida biblioteca creada en el siglo XVII, donde se conservan los manuscritos del Corán, escritos en piel de gacela, así como obras de historia y de medicina. El alojamiento recomendado es Azalai Desert Lodge.

Continuaremos nuestro camino hacia Tazenakhg, atravesando la cadena montañosa del Sagro, para llegar por la tarde a Taroudant, que rodeada de montañas, el Gran Atlas al Norte y Este y el Anti-Atlas al Sur, se encuentra  en medio de un fértil valle. A 30 km en dirección Sureste, posada sobre un pico rocoso se encuentra el pueblo de Tiout, por encima de un palmeral que recuerda al de Marrakech. Las ruinas de la antigua casba, transformada en restaurante turístico, dominan el lugar. Desde la cima del pico hay unas vistas excepcionales sobre el Gran Atlas y el valle del Souss. Como anécdota, habría que decir que Fernandel rodó Ali Babá y los cuarenta ladrones en este palmeral en 1954. El alojamiento recomendado es el Hotel Gazelle D’or.

El día siguiente permaneceremos en Taroudant, una pequeña ciudad, de unos cinco mil habitantes, que fue fundada como centro administrativo del Valle del Ameln por la administración colonial francesa en la década de los treinta del pasado siglo. Está situada en una región con unas características propias muy definidas y con múltiples opciones de recorridos y actividades recomendables. Geológicamente la zona de Tafraute es de las más interesantes de todo Marruecos. Situada en la parte oriental del macizo de Kerdous, se engloba dentro del dominio del Anti Atlas, en su zona noroccidental, y en él aflora un batolito de considerables dimensiones, de datación precámbrica y composición granítica. Al norte de Tafraoute, el Jbel Leskt es fundamentalmente cuarcítico, y al sur encontramos plutones graníticos metamorfizados parcialmente a gneises. Por toda la región se suceden formaciones erosivas graníticas como los Thor o piedras caballeras, debido a la erosión del agua por hidrólisis sobre diaclasados maestros. Entre estas formaciones, destaca la llamada “El sombrero de Napoleón”, que se alza junto a la población de Aguerd Oudad, tres kilómetros al sur de Tafaoute. La zona del palmeral la constituyen depósitos paleozoicos erosionados y cuaternarizados.


Fotografía de vehículos Land Rover en el desierto

Botánicamente, esta región presenta también algunas particularidades muy destacables, máxime cuando está situada en un macizo de corte desértico, como la existencia de bosquetes residuales de encinas, que, aunque muy degradados y de muy difícil regeneración, sobreviven en esta región del Anti Atlas a alturas superiores a 1.500 m, donde han resistido mejor la presión del pastoreo, siendo éste prácticamente el límite sur de su distribución en Marruecos (aunque también se encuentran algunos bosquetes de similares características en las montañas cercanas a Sidi Ifni). El Argán (Argania spinosa) también abunda en la región, sobre todo en las vertientes del Jbel Lesk y al norte del mismo, formando parte inseparable de la cultura de los Ameln, ya que los aldeanos aprovechan absolutamente todo de este árbol y de su fruto.


Detalle habitación de hotel con vistas

Pero la joya botánica de la región es el Drago del Atlas (Dracaena draco, subespecie ajgal), cuya existencia había pasado completamente desapercibida hasta 1995. Se trata de varios miles de ejemplares que se encuentran en los acantilados del valle del Ued Umarhuz, afluente del Ued Massa, entre Tafrauote y Tiznit.
El viaje finalizará volviendo a Marrakech, aunque para los amantes de la playa se podría realizar un paréntesis en Agadir o en Essaouira antes de regresar a casa.


BHÁRAD

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