Oporto en 48 horas

Oporto es el nombre eterno de Portugal. Seis puentes, el río Duero y un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO marcarán la ruta por una ciudad regada por el vino.

Lo primero de todo, olvídate del mapa. Lo mejor para conocer la ciudad es caminar, perderse por sus calles, integrarse en su ambiente y dejarse sorprender. Que no te asusten las cuestas o las escaleras empinadas, porque llegarás a los rincones más auténticos.

Dentro del casco antiguo de Oporto, la primera parada será la estación de tren de San Bento. Los más de 20.000 azulejos que visten su entrada hacen que sea un monumento en sí misma y uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad. Desde aquí, por cercanía, continúa la ruta hacia la Catedral de la Sé. Combina los estilos barroco, románico y gótico y está construida en la parte más alta de la ciudad, por lo que las vistas son impresionantes.

Después, cruza el puente de Don Luis I (obra de uno de los discípulos de Gustav Eiffel) hacia Vila Nova de Gaia, al otro lado del Duero. Aquí encontrarás bodegas de renombre como Sandeman, Porto Cruz o Ferreira. Aprovecha para realizar una visita guiada por una de ellas, con cata de vino incluida, y come en alguno de los restaurantes que miran al río. Pide sardinas a la brasa, bacalao, la versión portuguesa del cocido o una Francesinha (un sándwich relleno de salchicha, jamón, carne, queso y salsa picante que tienes que probar sí o sí). Acompaña el menú con una Super Bock, cerveza típica de allí.

Algo relajado para después de comer: reserva uno de los cruceros que salen desde este lado del río para navegar a través de los seis puentes. Un plan muy turístico pero que merece la pena, ya que desde el Duero tendrás una vista maravillosa de Oporto a un lado, con sus coloridas casitas de pescadores, y Vila Nova de Gaia al otro. El recorrido es de unos 50 minutos, perfecto para reposar la comida y seguir caminando.

Pasa la tarde en la zona comercial más importante de la ciudad, la rua Santa Catarina, muy próxima al Mercado do Bolhao (que es uno de los sitios más auténticos de Oporto y también de visita imprescindible). Santa Catarina está repleta de tiendas y cafeterías, y es casi obligatorio hacer una parada en el emblemático Café Majestic, inaugurado en 1921 y lugar de reunión de ilustres personajes de la época. Además, si recorres la calle hasta el final, encontrarás la Capilla de las Almas, una iglesia pequeñita pero con mucho encanto al estar completamente revestida de los azulejos tan característicos de Portugal.

Vuelve a la Ribeira, tienes que ver atardecer desde aquí. La luz y el ambiente son mágicos. Además, es la zona por excelencia para tomar una cerveza a los pies del Duero mientras se ilumina el puente de Don Luis I.

Para cenar, dirígete a la rua das Flores, una calle repleta de tiendas, hoteles boutique, música y restaurantes que condensa la verdadera esencia de Oporto. Aquí, Cantina 32 es nuestra recomendación sin duda. Imprescindibles los calamares con salsa de mostaza y miel y el champiñón Portobello.

La hora de dormir también puede convertirse en una experiencia dentro del viaje. A través de Weekendesk no solo podrás reservar alguno de los hoteles con encanto disponibles en el portal, sino que contarás con extras que harán que no vayas al hotel solo para dormir. Puedes escoger un alojamiento con spa o masaje incluido, con una copa de vino de bienvenida o recibir el desayuno en la habitación al día siguiente. Además, si viajas en pareja, puedes encontrar un plan de escapada romántica que incluya desayuno, bombones e incluso pétalos de rosa esparcidos por la cama. Un lujo.

Al día siguiente, emprende el camino hacia la Torre de los Clérigos. Construida en 1763, no te dejes intimidar por sus más de 200 escalones: desde arriba tienes la mejor vista 360º de la ciudad. A unos metros de la torre, se encuentra la neoclásica librería Lello e Irmão, una de las más bellas del mundo (aunque la afluencia de turistas le reste ese aire romántico). Entrar cuesta 3€ que te descuentan al comprar un libro (razón de más para hacerlo).

Sigue la ruta hasta los Jardines del Palacio de Cristal. Para llegar allí, pasarás por dos iglesias que se integran como si fueran una sola, la del Carmen y la de los Carmelitas, construidas prácticamente pared con pared, solo separadas por la Casa Escondida, que es la más estrecha de todo Portugal. Los jardines son un lugar de ensueño para relajarte y hacer picnic. Además, cada uno de ellos tiene un nombre y una temática que va cambiando con las estaciones del año.

Para terminar, no puedes irte de Oporto sin coger el tranvía. Hoy en día es un atractivo turístico más que un medio de transporte, pero puedes recorrer la ciudad sintiendo su característico traqueteo en las líneas 1, 18 y 22. De hecho, cogiendo la 18 llegarás a la desembocadura del río, donde están las playas de Foz, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Tomar un café mientras disfrutas de un atardecer en el Atlántico será el broche de oro del viaje.

La última noche pásala en el Hotel Carrís Porto Ribeira, un cuatro estrellas ubicado en plena zona monumental de Oporto que se erige como un gran mirador desde donde podrás contemplar la belleza nocturna del Duero, las bodegas y el puente de Don Luis I. Además de un excelente trato, podrás degustar la cocina tradicional portuguesa en su restaurante Forno Velho o de una copa antes de dormir en el Nomadik Lounge Bar. Sin duda, el alojamiento perfecto para volver a casa con la estampa más idílica de la ciudad grabada en la retina.

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