NOLASCO: “ENTRÉ EN UN MODO COMBATE QUE AÚN SIGUE ACTIVADO”

Más de dos décadas después de lanzarse “a una piscina sin saber si había agua”, Nolasco presenta Henko, un disco que abraza la transformación como filosofía de vida y sonido. Desde Sevilla y con los pies firmes, el cantautor traza en esta entrevista un viaje entre intuición y experiencia, donde la música se convierte en diario emocional, campo de batalla creativo y, sobre todo, en una celebración luminosa de evolución personal.

Si miras atrás, ¿qué recuerdos te conectan con el momento en que decidiste dedicarte a la música?
Es que la música no fue para mí un impulso de un momento. Como en mi casa no hay antecedentes de nadie que se haya dedicado a temas artísticos, ni a la música ni nada, para mí no era una posibilidad real.

Después de terminar la carrera, me fui a Irlanda a trabajar y a la vuelta comencé a actuar en bares con distintas bandas, ahí empecé a coquetear con la música. Después monté Fullería, mi primera banda propia, y ahí empezó a asomarme por la cabeza la idea de dedicarme a esto. Cuando llevaba ya varios años actuando por los bares, empecé a pensar ‘¿y por qué no?’. Pedí una excedencia en mi trabajo y me lancé, pero de cabeza, a una piscina que no sabía en la que si había agua o no. Montamos nuestra propia compañía y ahí empezó toda la aventura. Fue fruto de muchos acontecimientos, de muchos momentos…

Sevilla tiene un pulso cultural particular. ¿Cómo ha moldeado tu identidad artística?
Yo pienso que moldea no solo a los artistas, moldea también a cada uno de sus habitantes. Le pasa como a Cádiz. Son ciudades que tienen en su ADN una cultura artística bastante marcada. Aquí, por ejemplo, podríamos hablar en forma de Semana Santa, en forma de Feria. Nuestras ferias y fiestas se reflejan todas a través de la música. Las rumbas, las sevillanas, los cantes populares, todo eso influye, por supuesto. Y yo no he sido menos. A mí me ha influido en muchos aspectos. No solo por los artistas de aquí, sino también por nuestra forma de comportarnos ante el arte y la música.

¿Qué has aprendido sobre ti a través de tus canciones?
Buena pregunta esa. La verdad es que nunca me había parado a pensar eso. Pero creo que las canciones son una especie de diario. Si miras hacia atrás, son una especie de diario porque, en definitiva, estás contando momentos de tu vida o cosas que querías expresar en momentos puntuales. Entonces, no deja de ser un diario de tu memoria, y de algo más importante, de tus emociones. Nunca he hecho el ejercicio de analizarme a través de mi música, pero hay una cosa que está muy presente y es que mi música es muy vitalista, tiene mucha positividad. Lleva buena onda.

 

Tu primer álbum te proyectó con temas como Las cosas pequeñitas. ¿Cómo recuerdas aquel salto a la escena nacional y qué cambió en tu vida?
¿Qué cambió entonces? Sinceramente, en mi forma de vida, nada. Después de 20 años de carrera sigo teniendo los pies muy en la tierra. El hecho de ser una compañía discográfica independiente te quita todo tipo de pajaritos, todo tipo de fantasías. Te coloca muy en el sitio. Yo no he tenido padrino. Llevo 20 años de pelea y de lucha, entonces, a mí realmente no me ha cambiado nada.

En esta profesión es más complicado mantenerse que llegar a ser conocido. Y después de 20 años, creo que estoy ahí. Y estoy mejor que nunca. Los números hablan, hablan mi carrera… La transformación fue precisamente eso, que entré en un modo combate que aún sigue activado.

Con el paso del tiempo, ¿qué aspectos de tu sonido sientes que han evolucionado más y cuáles se han mantenido intactos?
Hay una cosa en mi música y es el hecho de que, si yo toco una canción solo con mi guitarra, sin mi banda, ya la canción tiene que ser redonda. Tiene que tener esa capacidad de transmitir lo que yo quiero.

Después está el lenguaje musical a través del cual me quiero expresar. Pero la esencia es fundamental. Lo que yo pueda expresar a solas con mi guitarra, para mí es importantísimo.
Después están todas las cosas en las que quiero invertir mi riesgo, la investigación en la música y mi aportación. Mi aportación porque yo creo que debemos tener cierto punto de ambición dentro de la música para que, dentro de X tiempo, las canciones permanezcan. Cuando ya no esté, me gustaría haber aportado algo de mi humilde figura.

La mezcla de flamenco, pop, rock y electrónica es una de tus señas. ¿Buscas la fusión desde la intuición o desde la experimentación consciente?
Yo creo que ambas. Creo que hay una experimentación muy consciente porque considero que todo lo que tú consumes te afecta. Lo que lees, las películas que ves, la música, incluso los hábitos que tengas, todo te afecta de una forma o de otra. Yo la música que escucho es muy diversa. Si ves mi lista de Spotify, por ejemplo, no aparecen muchos autores de música aflamencada. Y creo que eso es importante. Entonces hay una aportación del inconsciente porque cuando tú estás componiendo hay un rugido interior que está por encima de lo que tú piensas. Después está lo consciente, con lo que quieres experimentar, los sonidos que quieres que aparezcan. Ahí están los dos ingredientes.

 ¿Qué aprendizajes te ha dejado la industria musical en términos de libertad creativa?
Una máxima: La industria limita el arte. La industria no mejora ni potencia la capacidad creativa de los artistas. Y en eso sí me siento un afortunado. Soy consciente de que he tenido que formar parte de la industria, pero como David contra Goliat, y eso me ha permitido poder seguir los pasos que he querido realmente. He colaborado con quien he querido, he hecho el tipo de música que he querido independientemente de las modas, y eso no le pasa ni a grandes artistas de talla internacional, a los que sus compañías les marca directrices.

El tema Mi historia entre tus dedos ha tenido una gran repercusión digital. ¿Qué crees que conectó especialmente con el público?
El tema es un clásico de los noventa, un tema con más de doscientos millones de reproducciones. Mi aportación ha hecho como muy digerible el tema. Creo que siempre que se versiona algo hay que aportar, y yo he convertido una balada introspectiva, de cantautor, melancólica, romántica, en una canción para una fiesta. Una canción que se puede cantar y bailar, una canción que tiene un espíritu muy optimista. Entonces creo que ahí hay una transformación. Yo sabía que este tema iba a gustar mucho, a pesar de que no fue idea mía versionarlo, fue fruto de un viaje por Argentina y Uruguay con un amigo, que me dijo que le encantaría escucharla en mi voz. Sinceramente, no la veía mi estilo, aparte de que, como cantautor, siempre tengo el orgullo de querer cantar lo que compongo (risas). Pero el viaje fue tan intenso que al final me sentí en deuda con él, con el viaje, conmigo y con la canción. La primera vez que la recreé, cogí los acordes directamente de un tutorial, y por instinto, directamente, ya la canté por tango rumba, con todos los decks que tiene la versión actual. Se la mandé a él en un audio, y me dijo ‘la vas a sacar del estudio, ¿no?’ Yo desde el principio tenía la intuición de que iba a ser un tema muy seguido, porque claro, está en el imaginario musical de la gente.

¿Qué historia emocional hay detrás de Las leyes del destino?
Bueno, hay una historia emocional muy importante, el saber que por mucho que te resistas a una historia, pasará lo que tenga que pasar. Me refiero a que a veces peleamos por historias que son estériles, otras veces ni siquiera empezamos porque como dicen en los pueblos, si está para ti, ni aunque te quiten, y si no está, ni aunque te pongan. Entonces yo creo que el destino no está escrito y que las leyes del destino precisamente son que no hay leyes. La historia emocional es esa, que cuando estás metido en una historia que te está importando realmente nunca sabes lo que va a pasar.

 ¿En qué momento vital llega el álbum Henko?
A mí me coge en una etapa estupenda. Nunca habría pensado hace 20 o 30 años que la sabiduría y la experiencia tienen un sabor tan dulce, la verdad, porque saber lo que te gusta, saber por dónde no quieres pasar, saber cómo llegar al puerto directamente sin hacer escala en ningún sitio y saber cómo tienes que llegar, para mí es un gusto increíble.
Yo pensaba que la pubertad y la adolescencia eran las épocas más intensas de la vida y ahora estoy descubriendo que hay una consciencia que antes no había y que eso te hace más pleno.

¿Qué destacarías de este nuevo trabajo en términos sonoros y narrativos?
En este trabajo contamos una historia de transformación. Contamos las maneras que tiene uno para evolucionar en la vida.
Contamos también la historia de un guerrero que viene de la filosofía japonesa de los samuráis. He hecho una analogía entre el guerrero samurái y un guerrero de la música que cambia el sable por la guitarra y las artes marciales por la palabra y la música. Hay muchas historias diferentes, hay muchos sonidos distintos y un concepto muy importante que es la luz, que en este disco está muy presente. Hasta la balada más dramática que aparece en el disco a piano y violín tiene una especie de fuerza y de luz que a mí personalmente me atraviesa. Entonces la narrativa y la sonoridad de este disco se abrazan de una forma muy potente.

¿Marca un punto de inflexión en tu carrera?
Yo creo que sí. Creo que los cantautores somos muy fulanas en el sentido de que somos del último disco siempre y piensas que cada disco te va a transformar. Y seguramente te transforma porque la creación de un álbum y el trabajo de grabación es un parto en toda regla, con su sufrimiento incluido. Hay placer, pero hay sufrimiento.

Todos los componentes de la banda caímos después enfermos porque hay un desgaste psicológico, emocional y de energía física bastante importante. Este disco nos hemos pegado grabándolo un año y tres meses, que se dice pronto, pero es un proceso bastante denso.

En una era dominada por lo digital y lo inmediato, ¿cómo se construye una conexión real con el público?
Es complicado porque creo que estamos en uno de los momentos de la historia, al menos de los que yo he vivido, en el que tenemos el público menos exigente.
No sé a qué se debe. No sé si es la pescadilla que se muerde la cola porque que hay artistas con menos calidad y eso hace al público menos exigente o que directamente el público es menos exigente y eso genera artistas de menos calidad. No sé lo que está ocurriendo.
Lo que sí tengo muy claro es que la música es un retrato social de la época en la que vivimos. Entonces yo observo que hoy en día para cantar no hace falta cantar. Para ser un artista no hace falta ya ni ser artista. No sé, toda esa corriente de ahora de gente vacía, sin mensaje, una corriente nihilista que a lo mejor es el equivalente al groove de los noventa que yo escuchaba con Nirvana y con ese tipo de bandas, pero me da a mí la sensación de que cada corriente tenía infinitamente más cultura musical y literaria que los exponentes máximos de las corrientes que están más de moda ahora.

Si pudieras colaborar con cualquier artista —sin límites—, ¿quién sería?
No tengo ese tipo de metas. El camino me ha cruzado ya con auténticas leyendas con las que nunca esperaría haberme cruzado.
Por ejemplo, en este disco estoy con un referente para mí que es Antonio Carmona y me parece una auténtica pasada. Nunca lo deseé, nunca lo busqué pero ha aparecido. Yo tengo esa forma de caminar, no deseo cosas, las abrazo conforme llegan.

¿Qué se viene en los próximos meses?
Con Henko, que es el foco, empieza todo. La colaboración con el protagonista de La Reina del Flow, con el que he hecho una amistad exprés brutal, creo que va a ser una de las canciones más sonadas de toda mi carrera, tengo esa intuición. Me suena mucho a Las cosas pequeñitas. Acuérdate (risas).

La presentación en Sevilla, que va a ser el pistoletazo de salida de la gira, es una experiencia pionera en un espacio increíble que hay dentro del Cartuja Center para proyectar en suelo y paredes. Va a ser para unas 30 personas y tiene un sistema de microfonía recortado por toda la habitación en el que nadie va amplificado. Es una experiencia previa a la presentación que va a ser innovadora y pionera a nivel de Europa, así que la verdad es que estoy muy contento con esa previa del 10 de abril en La Cartuja.