UNA CASA SIN COMPARTIMENTACIONES RÍGIDAS EN LA SIERRA DE MADRID

Tras una apariencia casi tradicional, la vivienda despliega un interior fluido y abierto pensado para convivir, reunirse y transformarse con el tiempo.

En Moralzarzal, en plena Sierra de Madrid, Bate.Work presenta Casa Lola, una vivienda unifamiliar de nueva construcción que explora nuevas maneras de habitar el espacio doméstico a través de la geometría, la flexibilidad y la ausencia de límites convencionales.

Con 260 m², el proyecto ha sido desarrollado por José Antonio Miguel —cofundador de Bate.Work— junto a la diseñadora Ana Manuela Mejía como un ejercicio de autopromoción arquitectónica donde la vivienda se convierte en una extensión directa de las inquietudes creativas y personales de sus habitantes.

Especializado en retail y hotelería para marcas de moda y gastronomía, el estudio traslada aquí parte de su aproximación experimental al ámbito residencial. Casa Lola funciona así como un manifiesto doméstico: un espacio diseñado para transformarse con el tiempo y adaptarse a diferentes formas de vida sin perder conexión con el entorno natural.

La vivienda nace de dos geometrías esenciales: un cilindro sobre el que descansa un prisma con cubierta a dos aguas; una silueta reconocible y casi arquetípica que reivindica la imagen más primaria de “hogar”. Frente a esa apariencia rotunda y deliberadamente sencilla hacia el exterior, el interior revela una espacialidad mucho más compleja y fluida.

No existen puertas ni compartimentaciones rígidas. La casa se organiza mediante plataformas, desniveles y relaciones visuales que permiten que la luz natural atraviese toda la vivienda de forma continua. Más que habitaciones cerradas, Casa Lola propone un paisaje interior en constante transformación, donde cada estancia se relaciona con las demás a través de límites más sensoriales que físicos.

 

“Nos interesaba trabajar con formas geométricas puras capaces de convertir la casa en un símbolo reconocible sin caer en excentricidades ornamentales”, explican desde Bate.Work. “Mientras el exterior es casi esencial, el interior permite que la personalidad aparezca progresivamente a través del uso, los objetos y el paso del tiempo.”

La planta circular responde también a una estrategia funcional: ocupar la máxima edificabilidad permitida sin renunciar al jardín ni a la relación directa con el paisaje de la sierra madrileña. El resultado es una vivienda abierta al exterior pero profundamente íntima, donde conviven complejidad espacial y atmósferas acogedoras.