EL BALLET ES TENDENCIA Y LA ARQUITECTURA TAMBIÉN BAILA

Mientras el ballet vuelve inesperadamente al centro de la conversación cultural —desde Rosalía enfundada en tutú hasta el debate viral generado por las declaraciones de Timothée Chalamet sobre el futuro de la danza—, el estudio madrileño Freehand Arquitectura reivindica una conexión entre movimiento y espacio que forma parte de su identidad creativa desde hace años.

Mucho antes de esta nueva atención mediática hacia la danza, la arquitecta Lourdes Treviño, fundadora y directora del estudio, ya exploraba este vínculo en su libro Houses Can Dance, donde propone entender la arquitectura como una coreografía habitable. Arquitecta y bailarina, Treviño desarrolla así una visión singular del diseño, concebido no solo desde la técnica, sino también desde el cuerpo, el ritmo y la emoción.

Cuando la cultura redescubre el ballet

La danza clásica vive un regreso al imaginario contemporáneo. La estética del ballet reaparece en la moda y la música —con artistas como Rosalía reinterpretando sus códigos— mientras figuras históricas como Misty Copeland, primera bailarina afroamericana del American Ballet Theatre, continúan redefiniendo los límites de esta disciplina incluso en escenarios globales como la gala de los Óscar.

Al mismo tiempo, el reciente comentario del actor Timothée Chalamet afirmando que “el ballet está muerto” generó una reacción inmediata en redes y medios culturales, demostrando precisamente lo contrario: la danza sigue siendo un lenguaje vivo capaz de provocar debate, inspiración y nuevas lecturas creativas.

 

Para Freehand Arquitectura, esta conversación no resulta nueva.

Arquitectura como movimiento: la visión de Lourdes Treviño

Desde su formación en ballet en la Royal Academy of Dance durante su infancia en México, Lourdes Treviño desarrolló una sensibilidad hacia el movimiento que hoy define su manera de proyectar espacios.

Esa mirada se materializa en Houses Can Dance, donde cada vivienda se concibe como una composición coreográfica: espacios que fluyen, transiciones que marcan ritmo y volúmenes que dialogan como cuerpos en escena.

“La arquitectura, como la danza, se experimenta con el cuerpo. No solo se observa: se recorre, se siente y se vive”, explica Treviño.

 

El libro reúne proyectos desarrollados entre Europa y México y plantea una idea central: las casas no son estructuras estáticas, sino escenarios donde transcurre la vida, capaces de generar emoción a través del movimiento y la luz.

Cuando habitar se convierte en una experiencia sensorial

El enfoque de Freehand Arquitectura -el estudio boutique de arquitectura Passive House Designers fundado hace más de 15 años- parte de una premisa clara: diseñar espacios que respondan a las personas desde lo emocional además de lo funcional.

Así, pasillos que guían como una secuencia coreográfica, salones que se abren como un arabesque o zonas de descanso que evocan pausas del movimiento convierten cada proyecto en una experiencia sensorial.

 

En un momento en el que la cultura vuelve a mirar hacia el ballet como símbolo de disciplina, belleza y expresión, el trabajo del estudio adquiere una nueva lectura: la arquitectura también puede bailar.