CAN VELLA, EL SECRETO MEJOR GUARDADO DEL OTOÑO IBICENCO

Con la llegada del otoño, Ibiza baja el ritmo y revela su versión más serena y apetecible. En una casa tradicional frente al mar, Can Vella se consolida como uno de los restaurantes imprescindibles de la temporada: una oda al producto local, la cocina de raíz mediterránea y el fuego de encina. Una propuesta pensada para disfrutar sin prisa, en sintonía con el paisaje, el sabor y la calma que define el verdadero otoño balear.

La isla baja el volumen, se apaga la fiesta y llega el mejor momento para saborearla. Con la calma de octubre, Ibiza revela su cara más auténtica, más íntima… y más deliciosa. En este nuevo tempo mediterráneo emerge Can Vella, la última joya gastro del aclamado grupo de restauración Grupo Papúa, como ese lugar al que querrás volver una y otra vez: una casa payesa junto al mar donde el fuego es el lenguaje, y el producto, la verdad.

Inaugurado este verano en el paseo marítimo de Santa Eulalia, Can Vella ha sido una de las sensaciones gastronómicas del año en la isla pitiusa. Ahora, con el cambio de estación, se revela en su forma más pura: un refugio slow con alma mediterránea, donde comer bien es el centro del plan y el entorno se saborea sin artificio.

Lejos de los beach clubs saturados y de los restaurantes de temporada que ya bajan la persiana, Can Vella mantiene el fuego encendido. Y lo hace literalmente: su cocina gira en torno a una brasa viva alimentada con leña de encina y naranjo, donde carnes maduradas, pescados salvajes y vegetales de la huerta local encuentran su mejor expresión.

 

“Can Vella es una apuesta por el sabor de siempre, por el kilómetro 0, por lo que nos conecta con el entorno. Queríamos crear un lugar donde la cocina se entienda desde la honestidad, sin disfrazar el producto, celebrando lo local y lo mediterráneo con técnica, cariño y respeto”, afirma Noel Duque, co-fundador de Grupo Papúa.

Aquí no hay shows. Hay técnica. Hay respeto. Y hay una carta que abraza el kilómetro 0 con una mirada contemporánea, sofisticada pero sin imposturas. El otoño llega con platos que reconfortan el alma: un arroz negro de calamar a la brasa, profundo y sedoso; un tataki de vaca vieja sobre arroz meloso, o un bogavante nacional con huevos fritos y panaderas, que convierte la tradición en puro lujo gastronómico.

La cocina firma algunos de los platos más celebrados del año en la isla: la ensaladilla rusa tradicional con mejillones en escabeche caseros, los buñuelos de bacalao semilíquidos, el carpaccio de picanha madurada 120 días con yema y trufa, o ese aguacate braseado que ha conquistado tantas sobremesas frente al mar. Todo acompañado por una bodega que celebra la diversidad mediterránea, con vinos insulares, champagnes de autor y una coctelería vibrante, donde cada copa parece pensada para maridar con la luz de Ibiza.

 

La brasa de encina vuelve a ser protagonista, potenciando el sabor natural del pescado y aportando ese matiz ahumado tan característico. Entre las propuestas más demandadas, destacan el lomo de lubina a la brasa y la dorada entera, ambas acompañadas de patatas panaderas elaboradas en aceite de ajos tiernos, una guarnición que suma sin robar protagonismo. Completan la oferta platos como los mejillones a la brasa o a la marinera, cargados de sabor y jugosidad, el pulpo a la brasa y el irresistible gambón al ajillo, una receta sencilla en apariencia, pero rotunda en intensidad, que resume el espíritu de la casa: producto fresco, fuego directo y sabor puro.

La sección de carnes a la parrilla rinde culto a los cortes nobles, cuidadosamente seleccionados y tratados con respeto. Desde piezas como la entraña de añojo o la entraña de wagyu, intensas y jugosas, hasta clásicos como las chuletitas de cordero lechal con patatas fritas y pimientos de padrón, la carta propone un recorrido por texturas, maduraciones y matices. La oferta se completa con cortes de altísima calidad como el cañón de vaca vieja madurado 80 días, el lomo bajo de vaca frisona con 80 días de maduración o el lomo bajo premium de Angus nacional con 150 días, cocinados siempre sobre leña viva, sin artificios. Para los amantes de los grandes formatos, destacan el T-bone de vaca frisona madurado 45 días y la imponente chuleta premium de Angus nacional 150 días, piezas únicas pensadas para compartir y para dejar que el fuego revele cada matiz del producto.

 

Un otoño para saborear sin prisas

Mientras la isla recupera su ritmo pausado, Can Vella propone una experiencia que celebra lo esencial: el entorno, el producto, el fuego. Con sus 423m² de espacio diáfano en una casa ibicenca restaurada, su ambiente relajado y su ubicación privilegiada frente al mar, el restaurante se convierte en el plan perfecto para quienes quieren redescubrir Ibiza sin multitudes ni clichés.

Desde locales que vuelven a disfrutar de su isla hasta viajeros que buscan un destino con alma en temporada baja, Can Vella se impone como una de las mesas imprescindibles del otoño en el Mediterráneo. Además, ofrece un menú semanal de mediodía (22,50 €) que mantiene la misma filosofía de calidad y producto, ideal para saborear el sabor de la isla con una propuesta ágil y accesible.