María Fernández: “Nos han vendido un modelo de felicidad prefabricada basado en la seguridad, un trabajo estable y una casa de muñecas”.

Es coach personal, ejecutivo y de equipos por la Federación Internacional de Coaching (ICF), conferenciante internacional, motivadora de equipos y formadora en habilidades directivas y sociales. En su segundo libro, Hazte cargo de tu poder, María nos guía a descubrir todo nuestro potencial, a tenernos a nosotros mismos como principal recurso y a conocer por qué el amor es la mayor fuerza generadora de cambio en un viaje interior apasionante que nos hará más sabios, más fuertes, más resilientes y, sobre todo, mejores personas.

María, ¿Cuándo y cómo comenzó el proyecto de este libro?

Comenzó hace dos años, cuando me di cuenta de que tenía tantas ideas, nuevas reflexiones y metáforas motivacionales que creía que me iban a desbordar. Fue cuando llamé a mi editor para proponerle la idea de escribir otro libro.

No era el mejor momento a nivel estratégico porque tenía mucho trabajo, estaba diseñando mi línea de merchandising y lo menos que necesitaba era encerrarme a escribir. Sin embargo, no pude obviar esa llamada creativa.

¿Para quienes lo escribiste?

Para quienes quieren dar un paso más allá en el desarrollo personal. Para quienes quieren romper moldes -en ocasiones sociales-, darse permiso para brillar, y manifestar la vida de sus sueños.

También para personas que están en pleno desarrollo espiritual. Y para todas aquellas mujeres que me siguen y me leen, y necesitan salirse del rail, hacerse cargo de su poder, vivir una vida más auténtica y plena, y menos encorsetada y atada a ciertos estándares sociales.

Hacernos cargo de nuestro poder supone una verdadera declaración de intenciones de reconocer el potencial que llevamos dentro y usarlo “sin complejos”. El poder interior ha sido perseguido durante años. Desde Jesucristo hasta la caza de brujas, por eso ahora nos cuesta tanto elevar nuestros estándares, romper techos y sobresalir de la masa. Ya sabes, nos educaron con frases como “clavo que sobresale, antes o después recibe un martillazo”. Se trata de desprogramarnos y volver a nuestro poder, a nuestro origen.

¿Qué cosas nos impiden avanzar hacia nuestros sueños?

No tener definido ese sueño, no creérnoslo, conflictos interiores como miedos o creencias limitantes que no nos dejan avanzar, y/o no estar dispuestos a asumir los costes que conlleva conseguirlo.

Los sueños hablan de nosotros y de la forma en la que queremos estar en el mundo. Meter en un cajón ese sueño es meter nuestra parte más poderosa también en él. Además, esos sueños no cumplidos regresan cada cierto tiempo a nuestra cabeza -y corazón- recordándonos que lo hagamos realidad.

El tema central de tu libro es ese poder que todos llevamos dentro, ¿cómo podemos descubrirlo?

Volviendo al origen. Dándonos cuenta de que gran parte de lo que pensamos de nosotros mismos son opiniones externas hacia nuestra persona, que hicimos propias. Reconociendo que mucho de lo que hacemos tiene que ver con mantener una imagen de cara a la sociedad.Descubriendo que nos han vendido un modelo de “felicidad prefabricada” basado en la seguridad, un trabajo estable y “una casa de muñecas”. Reconociendo que hemos tapado muchos de nuestros talentos solo porque pensamos que no son “productivos”, como pintar, cantar o incluso hacer tartas de chocolate.Observando que toda nuestra vida ha ido encaminada a decisiones que preservan nuestra seguridad, pero que no hacen que nuestro corazón se acelere.

Hemos perdido nuestro poder cuando infravaloramos nuestros talentos, nuestra capacidad de relacionarnos con los demás o de amarnos a nosotros mismos.

¿Por dónde empezamos a hacernos cargo de él?

Emprendiendo el viaje del autoconocimiento y dándonos permiso para amarnos a nosotros mismos. Al final, nuestra realidad es un reflejo de nuestro mundo interior. No tendremos un entorno bello y fructífero si antes no cuidamos nuestro jardín interior.

Lo que pasa es que hasta eso ha sido penalizado, diciéndonos que “si te quieres mucho y te ocupas de ti, eres egoísta”. Cuando en realidad debemos cuidarnos y amarnos a nosotros, para luego dar un amor de calidad al resto.

Todo está dentro, bien, pero las circunstancias también afectan, ¿o no?

Sí, claro que afectan, pero no siempre determinan. Aunque hay auténticas desgracias en el mundo, hay un gran porcentaje de lo que nos sucede que podemos revertir en una autentica bendición. Desde una enfermedad, un divorcio y, por supuesto, un despido. En cuanto a las rupturas, éstas son magnificas para iniciar nuevos ciclos.

Hay dos cosas que hacen que conectemos con nuestro poder: las metas que nos desafían y las desavenencias. Ambas nos retan a sacar todo nuestro ingenio y recursos.

Cualquier persona que este leyendo esto y que haya pasado por un gran bache sabe a lo que me refiero. No hay nada peor que pasarlo mal en el momento, pero no hay nada mejor que haberlo pasado mal, porque te vuelves sabio, resiliente y fuerte.

Entonces, ¿dónde queda la suerte?

La suerte es cuando preparación y oportunidad se unen. Nosotros creamos nuestra realidad, paso a paso, decisión tras decisión. Excepto un porcentaje pequeño que no depende de nosotros (accidentes, catástrofes naturales o una familia disfuncional que no hemos elegido) pero el resto es cosa nuestra. Y creer lo contrario, eso sí es vivir desempoderado.

Puedes vivir creyéndote el artífice de tu vida o la víctima de las circunstancias. Yo, personalmente, elijo la segunda. Solo desde ahí transformamos las desavenencias en fertilizante para nuestro crecimiento. No hay buenos guerreros sin cicatrices de guerra.

Somos ENERGÍA ENCAPSULADA, eso me ha encantado…

Lo que quiero transmitir con ello es que es interesante que no sólo nos identifiquemos con nuestro personaje, sino con toda la energía que albergamos en nuestro interior. Energía para alcanzar aquello que nos propongamos, para empatizar con casi cualquier ser humano o para utilizar más nuestra intuición y sabiduría. Somos mucho más que un cuerpo. Es sencillamente eso.

¿Por qué todas las personas tendemos a ponernos frenos?

Porque, o bien no creemos en nosotros, o bien nos da vértigo nuestro crecimiento, y que esa expansión se nos vaya de las manos.

¿Es el autosabotaje nuestro mayor enemigo?

En realidad, todo empieza y termina en nuestra mente, y en nuestra capacidad de auto-otorgarnos lo que creemos merecer. Así que, solo conseguimos aquello de lo que nos sentimos merecedores. Si no te sientes merecedora de alcanzar un determinado objetivo lo vas a boicotear porque sientes que no está en tu vibración.

¿Qué hay del ego?

El ego es esa identificación con el personaje, con la imagen que hemos construido de nosotros mismos, y que nos lleva a darnos demasiada importancia, a ser reactivos y a querer compararnos con el resto de egos. Vivir desde la esencia es mucho más fácil, más orgánico, y solo desde ahí se encuentra la paz y la felicidad.

La verdadera plenitud se alcanza desde la esencia, dejando a un lado nuestra cabeza incesante, esa que todo lo quiere etiquetar, que vive en la preocupación y en el “yo más”. Desde el ego podemos alcanzar objetivos, pero nunca llegaremos a la felicidad plena. Para eso hay que apagar el motor incesante de la cabeza, y centrarnos en el infinito que se genera en el momento presente.

El ego juzga, la esencia observa. El ego piensa, la esencia se deleita con el milagro de la vida.

María, ¿En qué punto profesional te encuentras?

En uno muy bueno. En plena expansión como conferenciante internacional, con un tercer libro que ya está llamando a la puerta, aunque inconscientemente me resista a verlo (risas). Y disfrutando, día a día, el crecimiento de mis clientas emprendedoras a las que mentorizo y hago coaching.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado nunca?

No soy tanto de absorber consejos externos, sino de rodearme de personas con mentalidad ganadora. Es decir, que cuando estoy a punto de cometer una locura, ellas me animan a seguir pensando a lo grande. Yo les llamo mi grupo de leonas. Mujeres sabias, poderosas y nobles.

¿Cuándo te diste tú “permiso para brillar”?

(Sonríe). Creo que todos brillamos inconscientemente, sobre todo cuando somos niños. Luego esa perla de amor infinito e incondicional se empieza a ensuciar con juicios externos -y basura mental-. Y acabamos olvidándonos de nuestro brillo innato.

Uno de los momentos en los que me hice cago de mi poder fue cuando vendí mi coche, dejé mi trabajo y pedí un préstamo para formarme como coach. Y de ahí, me he ido quitando capitas de “basura mental” que todos tenemos, hasta el momento en el que estoy. Es un proceso que nunca termina, pero cuanto más estamos conectados con nuestro poder, más plenos nos sentimos.

Y esto pasa por desapegarnos del personaje o de la “identidad» que hemos creado de nosotros mismos. Es decir, ir quitando esas capitas de prejuicios y de ego, hasta volver a nuestra esencia.

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