El histórico espacio del paseo de Gràcia recupera su protagonismo con la apertura de un espectacular restaurante de 1.600 m² que invita a viajar hasta el corazón del Cáucaso sin salir de Barcelona. Cocina tradicional, vinos milenarios, música en directo y una hospitalidad que convierte cada comida en una celebración.

Barcelona suma un nuevo destino gastronómico y, esta vez, lo hace en un escenario cargado de memoria. El mítico Boulevard Rosa, uno de los espacios comerciales más recordados del paseo de Gràcia, vuelve a cobrar vida con una propuesta tan ambiciosa como sorprendente: Tbilisi Boulevard, un majestuoso restaurante dedicado a descubrir los sabores, las tradiciones y el fascinante universo cultural de Georgia.
Ubicado en el número 53 del paseo de Gràcia, el establecimiento ocupa nada menos que 1.600 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Un espacio de grandes dimensiones que va mucho más allá del concepto convencional de restaurante para convertirse en una auténtica embajada gastronómica y cultural de este país situado entre Europa y Asia, a los pies del Cáucaso.
Detrás del proyecto se encuentra la ilusión compartida de tres amigos georgianos. Uno de ellos cuenta con una sólida trayectoria en la restauración de su país de origen, mientras que sus dos socios llevan años establecidos en Barcelona. Juntos han querido materializar un sueño: acercar a la capital catalana una de las culturas gastronómicas más singulares y todavía poco conocidas por el gran público.
Y esa filosofía se percibe en cada rincón del nuevo establecimiento.
Un viaje a Georgia sin salir del paseo de Gràcia
Entrar en Tbilisi Boulevard significa adentrarse en un universo donde la gastronomía, la hospitalidad y la celebración forman parte de una misma experiencia.
El restaurante se articula alrededor de cuatro grandes ambientes que permiten disfrutar del espacio de distintas maneras y a diferentes horas del día.

El gran salón constituye el corazón gastronómico del establecimiento. Un escenario concebido para compartir largas sobremesas y disfrutar de la cocina georgiana mientras la música y los espectáculos en directo aportan una dimensión festiva a la experiencia.
La bodega es otro de sus grandes atractivos. Y no es casualidad. Georgia está considerada una de las cunas históricas de la viticultura, con una tradición vinícola que se remonta aproximadamente 8.000 años. Allí, el vino es mucho más que una bebida: es cultura, identidad y un símbolo de hospitalidad.
El espacio se completa con varios reservados destinados a encuentros privados y celebraciones especiales, además de una zona de coctelería que adquiere especial protagonismo cuando cae la noche.
El resultado es un concepto gastronómico que pretende acompañar al visitante desde el almuerzo hasta las últimas copas, con una puesta en escena en la que comer, brindar, conversar y celebrar forman parte de un mismo ritual.
Una cocina milenaria que merece ser descubierta
Pero el verdadero protagonista de Tbilisi Boulevard es, naturalmente, su cocina.
La gastronomía georgiana constituye uno de los grandes tesoros culinarios del Cáucaso. Una cocina generosa, aromática y profundamente vinculada a la tradición familiar, donde el pan, las masas artesanales, las carnes, las especias, los quesos y las nueces desempeñan un papel esencial.
En Tbilisi Boulevard, la propuesta se mantiene fiel a ese recetario tradicional, apostando por elaboraciones cuidadas, productos seleccionados y una filosofía que reivindica el tiempo y el respeto por la materia prima.
Uno de los detalles que mejor refleja esta apuesta es que todos los panes y las masas se elaboran diariamente en el propio restaurante.
Entre las especialidades imprescindibles destacan los khinkali, probablemente uno de los platos más representativos de Georgia. Se trata de unos delicados saquitos de masa elaborados a mano, rellenos de carne especiada y un sabroso caldo que permanece atrapado en su interior. Comerlos tiene incluso su propio ritual: se sujetan por la parte superior y se muerden con cuidado para disfrutar primero del caldo caliente.
Otro de los grandes protagonistas es el khachapuri, un irresistible pan tradicional relleno de queso fundido que se ha convertido en uno de los grandes emblemas de la cocina georgiana. Una elaboración reconfortante y profundamente ligada a la identidad gastronómica del país.
Los amantes de la carne encontrarán también especialidades como el chkmeruli, un jugoso pollo servido en una cremosa salsa de ajo, o el kababi, carne picada sazonada y preparada a la parrilla.
La vertiente vegetal tiene igualmente un lugar destacado en la carta, con recetas como el badrijani nigvzit, unos delicados rollitos de berenjena rellenos de crema de nueces que reflejan la importancia de los frutos secos y las hierbas aromáticas en la cocina tradicional georgiana.
Una propuesta que invita a descubrir nuevos sabores, pero que, sobre todo, reivindica una manera de entender la gastronomía basada en el placer de compartir.
El vino, el alma de la hospitalidad georgiana
Hablar de Georgia sin hablar de vino sería dejar incompleta una parte esencial de su historia.
Este pequeño país caucásico presume de una de las tradiciones vinícolas más antiguas del mundo. Su singular método de elaboración en grandes recipientes de barro conocidos como qvevri, tradicionalmente enterrados bajo tierra, forma parte de un legado cultural reconocido por la UNESCO.
En Georgia, el vino acompaña las celebraciones, las reuniones familiares y las largas comidas compartidas. Es también protagonista de la supra, el tradicional banquete georgiano en el que los brindis, las historias y la convivencia adquieren tanta importancia como los platos que llegan a la mesa.
Por eso, la presencia de una imponente bodega en Tbilisi Boulevard no responde únicamente a una cuestión gastronómica. Es también una declaración de intenciones: trasladar a Barcelona una cultura en la que sentarse alrededor de una mesa constituye uno de los mayores placeres de la vida.
Cuando la gastronomía se convierte en espectáculo
Una de las singularidades de Tbilisi Boulevard es su voluntad de ir más allá de la experiencia culinaria.
La música en directo, los espectáculos y la coctelería contribuyen a crear una atmósfera que evoluciona a medida que avanza la jornada.
El restaurante mantiene su cocina abierta de forma ininterrumpida, de mediodía a medianoche, los siete días de la semana, una fórmula especialmente atractiva en una de las arterias comerciales y turísticas más importantes de Barcelona.
A partir de las ocho de la tarde, la coctelería comienza a cobrar protagonismo, prolongando las veladas hasta las dos de la madrugada y hasta las dos y media los viernes y sábados.
Una propuesta que busca atraer tanto a quienes desean descubrir la cocina georgiana por primera vez como a quienes buscan una cena especial, una celebración o una noche diferente en pleno centro de la ciudad.
Una nueva vida para un lugar mítico de Barcelona
La elección del emplazamiento tampoco es casual.
Durante décadas, el Boulevard Rosa formó parte del imaginario comercial y social de Barcelona. Su nombre evoca una época en la que las galerías comerciales del paseo de Gràcia eran punto de encuentro de generaciones de barceloneses.
Ahora, este enclave histórico inicia un nuevo capítulo vinculado a la gastronomía internacional y a las experiencias culturales.
La llegada de Tbilisi Boulevard representa, en este sentido, mucho más que una apertura hostelera. Es también una nueva forma de habitar un espacio emblemático de la ciudad y de conectarlo con una cultura que entiende la mesa como un lugar de encuentro.
Bajo el lema «De Georgia al mundo», sus impulsores aspiran a que Barcelona descubra no solo una cocina diferente, sino también una filosofía de vida marcada por la generosidad, la convivencia y el placer de celebrar.
Porque, en Georgia, recibir a alguien en casa y sentarlo a la mesa es mucho más que un gesto de cortesía. Es una forma de expresar afecto, respeto y amistad.
Y esa es, precisamente, la esencia que Tbilisi Boulevard quiere trasladar al corazón del paseo de Gràcia.
Una invitación a viajar sin maletas, descubrir una gastronomía milenaria y recuperar el placer de las largas sobremesas en uno de los escenarios más emblemáticos de Barcelona.









