INFLAMACIÓN SILENCIOSA: 6 SEÑALES PARA DETECTARLA

La bióloga especializada en nutrición y salud integrativa Isabel Raya nos explica las claves para identificar la inflamación crónica de bajo grado

Hoy en día, la inflamación se ha convertido en una de las condiciones de salud más comentadas. Se habla de alimentación antiinflamatoria, de hábitos antiinflamatorios e incluso de suplementos alimenticios para “bajar la inflamación”. Sin embargo, más allá de esta tendencia, muchos desconocen realmente qué es, cómo se desarrolla y sus implicaciones para la salud cuando se cronifica.

Según la bióloga especializada en nutrición y salud integrativa Isabel Raya, la inflamación no es negativa en sí misma, pues es una respuesta normal y necesaria del organismo. “Gracias a ella cicatrizamos, superamos una infección o nos recuperamos de un esfuerzo físico. Sin inflamación, el cuerpo no podría repararse”, comenta Raya.

El problema surge cuando esa respuesta, pensada para activarse de forma puntual, no termina de apagarse. Cuando el organismo permanece durante mucho tiempo en un estado inflamatorio de baja intensidad, es cuando aparece la inflamación silenciosa o inflamación crónica de bajo grado.

Seis señales para identificar la inflamación (más allá de la hinchazón)

La inflamación silenciosa muchas veces es difícil de identificar, pues no suele haber dolor intenso ni síntomas claros. Según Isabel Raya, “se parece más a una alarma de incendios que suena muy bajito, pero de manera continua. No molesta lo suficiente como para reaccionar, pero tampoco se apaga. Con el tiempo, uno se acostumbra al sonido y deja de prestarle atención, aunque el problema siga ahí”, asegura.

En muchos casos, se normaliza estar siempre cansado, tener un sueño poco reparador o no encontrarse del todo bien. “Vivimos con un nivel de malestar bajo, pero constante, que hemos aprendido a integrar en el día a día. No porque sea normal, sino porque es frecuente. Y ahí está el riesgo”, explica la bióloga.

El cuerpo rara vez falla de repente. Antes, avisa mediante señales sutiles que se repiten y que aportan información si sabemos escucharlas.

Entre las manifestaciones más habituales que pueden aparecer cuando existe un estado inflamatorio persistente, Isabel Raya destaca las siguientes:

  1. Fatiga persistente, esa sensación de levantarse ya cansado aunque se haya dormido muchas horas.
  2. Sueño poco reparador, dormir suficiente tiempo pero no descansar de verdad.
  3. Molestias frecuentes, como sentir el cuerpo cargado o agarrotado, con dolores que aparecen y desaparecen sin una causa clara.
  4. Problemas digestivos habituales, como pesadez o hinchazón que se repiten y acaban integrándose en la rutina diaria.
  5. Cambios en el estado de ánimo, con mayor irritabilidad o menor tolerancia al estrés.
  6. Dificultad para concentrarse, la conocida niebla mental, que hace que cueste pensar con claridad o rendir como antes.

 

 

Raya recuerda que ninguna de estas señales permite establecer un diagnóstico, pero que su repetición en el tiempo y su aparición conjunta dibujan un patrón que conviene no ignorar. Por eso, ante la sospecha de inflamación persistente, es importante acudir a un profesional sanitario que pueda valorar la situación y descartar otras causas.

“Aprender a reconocer las señales, entender qué las mantiene activas y actuar sobre el estilo de vida permite intervenir antes de que el problema sea grande. No desde el miedo ni la obsesión, sino desde una escucha más consciente del cuerpo. Porque entender la inflamación silenciosa no es vivir en alerta, sino recuperar la capacidad de estar bien”, concluye Isabel Raya.